Dice Sebastien
Charles, en la introducción de Los tiempos hipermodernos de Gilles
Lipovetsky, que “la condena del presente, analizada a largo plazo, es
sin duda la crítica más trivial que vienen proponiendo los escritores, filósofos,
y poetas desde la noche de los tiempos.” Parece una costumbre que no termina de resultar atractiva para los intelectuales:
el tiempo presente es el de la decadencia, el de los momentos oscuros de la
civilización. Y aun cuando hay un paréntesis de optimismo en el Siglo de las
Luces y en el cientificismo del siglo XIX,
tanto Kant como Nietzsche no dejarán de anunciar lo terrible de la
situación social en la que viven. Son pocos los filósofos que intentan tener una
visión más balanceada de la realidad histórica que les rodea. Y Gilles
Lipovetsky es uno de ellos. Y en este sentido, el filósofo francés es mucho más
cercano al análisis mediador dela realidad moderna que hace Tocqueville, que a
la crítica férrea de sus
coeternos pensadores posmodernos. Y si hemos de crear algún puente
con un contemporáneo suyo, éste es con Baudrillard. Ambos parten de
la cúspide moderna de la sociedad en los años cincuenta y sesenta para
después intentar entender lo que sucede a
esta sociedad en la década de los ochenta.
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